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Amora

En la Edad Media

En la Edad Media El invierno había pasado y el Sol subió más y más alto en el cielo. Los días se tornaron abrasadores. A mitad del verano, el astro alcanzó la plenitud de su fuerza y exultancia, especialmente en aquellas tierras de España y de Granada y en reinos tan alejados de las regiones del Norte. Desde principios de Abril no descendió humedad alguna sobre la tierra, ni en lluvia, ni en rocío, y la hierba quemada tomó el color del cieno. Los ingleses comían uvas cuando las encontraban porque su jugo les refrescaba y luego bebían de esos vinos espesos de Lisboa y Portugal para calmar su sed. Pero cuanto más la bebían, más calor les inundaba, porque los vinos incendiaban sus hígados y sus pulmones, y todas las entrañas de su estómago, y no podían seguir una dieta natural. Los ingleses están acostumbrados a alimentos poco sazonados, cervezas espesas que mantienen húmedos sus cuerpos. Ahora bebían vinos secos y enérgicos, copiosamente, incluso para olvidar sus penas. Las primeras horas de la noche eran ardientes después de la canícula del día, pero hacia el amanecer, el aire se tornaba repentinamente gélido, y los sorprendia desprevenidos, porque al acostarse no se habían con las sábana y dormían desnudos, calientes como estaban por efecto del vino. Los ingleses cayeron víctimas de catarros matutinos que afligían todo su cuerpo y, enfermos febriles, eran presos de la disentería, de lo que inevitablemente fallecían. Esto sucedió tanto a hombres caballeros y escuderos, como a la gente humilde.

Tales son las aventuras de las guerras durante mi tiempo en la Edad Media.

Mil consideraciones ante tal intrusión. Una inclinación en forma de saludo.

Marqués de Villena

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