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Amora

Últimas Fechas

Últimas Fechas Para que la casa vuelva a recobrar su aliento de leyenda, confesamos nuestra pena en la hora tardía que subsiste en sus propias cenizas.

Mi sangre se atrofia definitivamente en este impulso de redención hacia la búsqueda de un antiguo océano, disipado en los regresos doloridos de la carne.

Desnudo, como tantas otras veces, me muero en otoño escribiendo la esquela de Narciso.

Existió alguna vez la palabra y yo escribí luciérnagas en el secreto de la noche, simientes de luz desbocadas ante mis huesos.

Muertes presentidas para un otoño de sequía o un invierno de silencio. Páginas perdidas describiendo barbechos alineados que ya queman el recuerdo.

Fue por esto que alguna vez nos encontramos solos tú (que me lees y sabes) y yo, frente al espejo, y que dibujé lágrimas en mis libros de viaje.

¡Qué profundamente triste imaginé mi muerte en estaciones paralelas, porque todos nosotros confesamos nuestra pena soportándonos mutuamente.

Seres de tormenta cobijados en el vómito de unas y otras tragedias con legañas.

Pero galopando hacia el sur y con la frente enferma de alturas, resistimos, cara a cara con la muerte, rienda suelta a la alegría de saber que solamente nosotros soñamos o somos capaces de mirar con los ojos muy abiertos al horizonte que, quizá, está lejano, lejano y gris, desnudo y solo.
 Carver

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